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¿Te veré volver?

El cantante Gustavo Cerati (Fuente: Cerati Oficial)

El cantante Gustavo Cerati (Fuente: Cerati Oficial)

El 16 de mayo empecé a escuchar a Gustavo Cerati. Poco después de enterarme de la noticia de su infarto cerebral me puse a descargar sus temas en la computadora casi automáticamente. Quise conocerlo, saber sobre qué cantaba, qué cosas decían las letras de sus canciones. Me llevé una gran sorpresa: ese hombre que en los años ochenta había formado una de las bandas más emblemáticas de Argentina, el que había creado la frase “gracias totales” que aún hoy sigue resonando, de repente había logrado conmoverme. Durante los días siguientes seguí atenta todas las actualizaciones de su salud. Como una fan más, esperé ansiosa los partes médicos que se daban cada tres días, con la esperanza de una pronta recuperación. Lo imaginé reposando en la cama del hospital de Caracas, tan lejos de su país natal, lejos del cariño y apoyo de la gente, de sus admiradores. Lo sentí en ese estado inconsciente, traté de figurar dónde estaba su mente en ese momento de ausencia , lo pude escuchar pidiendo “que lo traten suavemente”.

Lo que más me llamó la atención fue el trato de los medios, que desde el comienzo parecieron ser respetuosos. Desde Venezuela cubrieron el suceso desde la salida de la clínica y aguardaron a los médicos para saber las novedades. En todo momento la familia del cantante y su banda mantuvieron el silencio y, por fin, decidieron que los partes médicos pasarían a darse a través de la página oficial de Gustavo. Es que en esos momentos de agonía, uno siempre intenta resguardarse y mantener el respeto por quien se encuentra en la situación delicada. Por eso me sorprendió cuando, el domingo pasado, las publicidades del programa de Susana Giménez anunciaron que la novia de Cerati estaría en el piso hablando sobre la “dura situación que estaba atravesando”. Intrigada, esperé durante el programa para ver el momento en que la joven modelo Chloe Bello se sentaría cara a cara con la conductora, y pensé qué opinaría la familia con respecto a esto. Mis sospechas no tardaron en hacerse realidad: a través de Facebook, la corista de Gustavo, Anita Toledo, mostró su repudio hacia la modelo, quien, según ella, solo estaba siendo oportunista y trataría de beneficiarse con su exposición. Creo que tiene razón, ya que si la familia en ningún momento se mostró delante de las cámaras ni hizo declaraciones, por qué debería hacerlo quien es su novia desde hace algunos meses. Totalmente innecesario.

La misma sorpresa me llevé el día en que finalmente se supo de su traslado al país. Con todas las precauciones necesarias tomadas, Gustavo llegó en una aeroambulancia a Aeroparque. Esta vez, los medios se instalaron en la vereda del aeropuerto para hacer la guardia. Lo que me pregunto es si trasmitir durante todo el día la misma toma fija de aviones aterrizando -como si fuera una cadena nacional- agrega valor periodístico a la noticia. ¿Realmente se estaba informando de esa manera? Parecía casi una lucha por quién tenía la primicia, esa primer imagen del aterrizaje, de la camilla descendiendo y pisando suelo firme. Bienvenidos al morbo.

Sin embargo, en ningún momento pude dejar de pensar en él. ¿Se habría imaginado que pasaría todo esto? ¿Qué habrá sentido en su último recital, minutos antes de desvanecerse? ¿Estará esperando que lo despierten cuando pase el temblor? Y, aún más importante, ¿lo podré ver tocar en vivo alguna vez? Traté de imaginar cómo se vería inmóvil, con los ojos cerrados y tratando de respirar por sus propios medios. Su naturaleza muerta* en un cuarto de rombos. Su corazón delator, como un fantasma, colgando en la cuerda planetaria. Él sólo, luchando contra la maldita bomba de tiempo. Como si estuviese flotando en un lago en el cielo, dando una vuelta por el universo, a merced de un milagro. Rezando por cosas imposibles, rodeado de ecos, envuelto en el mareo. Ahora es nunca. Sintiéndolo decir: me quedo aquí.

*las palabras escritas en negrita son temas del cantante

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