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Un 14 de julio

El 14 de julio de 2010 volví a mi casa a la noche y supe que ese día no lo iba a olvidar más. Exactamente nueve días después de haber cumplido 22 años. Había vuelto del médico, que me había dicho que tenía un tumor. Nombró las palabras biopsia, quimioterapia e intervención quirúrgica, todas impensables en mi vocabulario, y enseguida mi cabeza se inundó de pensamientos y mis ojos de lágrimas. Era el año en que iba a terminar la facultad, pero todos esos planes que tanto había anhelado quedaron en segundo plano cuando tuve que enfrentarme a la peor noticia.

Al principio me encerré en mi misma. Imaginaba los peores escenarios e intentaba dormir todo lo que podía porque, cuando dormía, lograba olvidarme de todo. Despertarme era la pesadilla más temida; revivir las palabras del médico y todo lo que faltaba por venir.

Después de que me internaron para hacerme la biopsia, me comunicaron que tenía un Linfoma de Hodgkin, que es un cáncer en los ganglios linfáticos. Logré tranquilizarme cuando me dijeron que era curable y tratable y que, con seis meses de quimioterapia, tendría buenas posibilidades de curarme.

De todas formas los miedos siguieron. No sabía si iba a poder ser lo suficientemente fuerte para aguantar lo que me tocaría vivir. No solo en lo físico sino en lo mental. Tuve que dejar la facultad e introducirme, sin quererlo, en la rutina de una persona que sufría una enfermedad: un martes tenía medico, el siguiente quimio, y así. Además, sacarme sangre todas las semanas y darme inyecciones para que me subieran los glóbulos blancos. Cierto que no mencioné mi terrible pánico hacia las agujas. Pero, como tuve que aprender, era superarlo o superarlo. No había opción.

Uno de esos rutinarios días de visita al médico fue el que me cambió la mentalidad y el que, gracias a Dios, me ayudó a darle otra mirada a lo que estaba viviendo. Me había levantado llorando, con desgano y sin ganas de pelear más. El médico me vio y me dijo las siguientes palabras: “Vicky, sos fuerte y joven y tenés una enfermedad que tiene tratamiento y CURA. ¿Qué es lo que te pone mal?”. En ese segundo quise gritarle todo, que estaba cansada de los pinchazos, de no poder ser sana como los demás de mi edad y de que esta enfermedad había venido a arruinarme la vida. Pero en su lugar me contuve y pensé en lo que me había dicho, en que me iba a curar. Y estaba en mí cómo iba a vivir los siguientes meses: llorando o de otra manera.

Esa otra manera por fin llegó. Empecé a usar el humor como mi aliado y a buscar formas de reemplazar mi dolor por cosas que me hacían feliz. Además, me uní a Dios y le pedí que no me dejara sola. Me di cuenta de toda la gente que tenía alrededor, y que todos contaban con que me pusiera bien. Tenía que hacerlo no solo por mí, sino por ellos, por mi familia, amigas, y tantos desconocidos que, sin saberlo, habían iniciado cadenas de oración en mi nombre.

Cambié el enojo y el llanto por sonrisas. Los días de quimio me levantaba, me miraba al espejo y me decía a mi misma que esto era lo que me había tocado a mí por alguna razón, y que era fuerte para superarlo e iba a hacerlo. Una vez en la sala del Cemic (hospital donde me atendieron todo ese tiempo), imaginaba que por el suero donde me pasaban las drogas, me estaban pasando chocolates, chizitos, Coca-Cola y todas las demás cosas que me gustan. Comencé una cuenta regresiva y, cada vez que tenía quimio me ponía una meta para el fin de semana así tenía que estar bien para poder salir y hacer una vida normal.

El optimismo tuvo sus buenos resultados, así como mi fe. Visité al Padre Adrián en la parroquia Santo Tomás Moro de Vicente López, quien me hizo una imposición de manos luego de confesarme. Después de la segunda quimio el tumor se había reducido ampliamente.

Creo que todo pasa por algo, y esto me tocó vivirlo a mí porque Dios sabía que podía “bancármela”. Que, aunque al principio hubiese querido darme por vencida, pude mirar para adelante, proponerme cargar mi cruz y, con la ayuda de mi familia, amigas, enfermeras y médicos, tener un camino más aliviado. Hoy, también pude aprender a disfrutar más y a agradecer por lo que tengo.

Hace menos de un mes me dieron una noticia y supe que ese día tampoco iba a ser uno más. Los estudios mostraron que el tumor desapareció. Esta experiencia me enseñó que la fe de una, más la fe de muchos, pueden torcer un destino.

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¿Te veré volver?

El cantante Gustavo Cerati (Fuente: Cerati Oficial)

El cantante Gustavo Cerati (Fuente: Cerati Oficial)

El 16 de mayo empecé a escuchar a Gustavo Cerati. Poco después de enterarme de la noticia de su infarto cerebral me puse a descargar sus temas en la computadora casi automáticamente. Quise conocerlo, saber sobre qué cantaba, qué cosas decían las letras de sus canciones. Me llevé una gran sorpresa: ese hombre que en los años ochenta había formado una de las bandas más emblemáticas de Argentina, el que había creado la frase “gracias totales” que aún hoy sigue resonando, de repente había logrado conmoverme. Durante los días siguientes seguí atenta todas las actualizaciones de su salud. Como una fan más, esperé ansiosa los partes médicos que se daban cada tres días, con la esperanza de una pronta recuperación. Lo imaginé reposando en la cama del hospital de Caracas, tan lejos de su país natal, lejos del cariño y apoyo de la gente, de sus admiradores. Lo sentí en ese estado inconsciente, traté de figurar dónde estaba su mente en ese momento de ausencia , lo pude escuchar pidiendo “que lo traten suavemente”.

Lo que más me llamó la atención fue el trato de los medios, que desde el comienzo parecieron ser respetuosos. Desde Venezuela cubrieron el suceso desde la salida de la clínica y aguardaron a los médicos para saber las novedades. En todo momento la familia del cantante y su banda mantuvieron el silencio y, por fin, decidieron que los partes médicos pasarían a darse a través de la página oficial de Gustavo. Es que en esos momentos de agonía, uno siempre intenta resguardarse y mantener el respeto por quien se encuentra en la situación delicada. Por eso me sorprendió cuando, el domingo pasado, las publicidades del programa de Susana Giménez anunciaron que la novia de Cerati estaría en el piso hablando sobre la “dura situación que estaba atravesando”. Intrigada, esperé durante el programa para ver el momento en que la joven modelo Chloe Bello se sentaría cara a cara con la conductora, y pensé qué opinaría la familia con respecto a esto. Mis sospechas no tardaron en hacerse realidad: a través de Facebook, la corista de Gustavo, Anita Toledo, mostró su repudio hacia la modelo, quien, según ella, solo estaba siendo oportunista y trataría de beneficiarse con su exposición. Creo que tiene razón, ya que si la familia en ningún momento se mostró delante de las cámaras ni hizo declaraciones, por qué debería hacerlo quien es su novia desde hace algunos meses. Totalmente innecesario.

La misma sorpresa me llevé el día en que finalmente se supo de su traslado al país. Con todas las precauciones necesarias tomadas, Gustavo llegó en una aeroambulancia a Aeroparque. Esta vez, los medios se instalaron en la vereda del aeropuerto para hacer la guardia. Lo que me pregunto es si trasmitir durante todo el día la misma toma fija de aviones aterrizando -como si fuera una cadena nacional- agrega valor periodístico a la noticia. ¿Realmente se estaba informando de esa manera? Parecía casi una lucha por quién tenía la primicia, esa primer imagen del aterrizaje, de la camilla descendiendo y pisando suelo firme. Bienvenidos al morbo.

Sin embargo, en ningún momento pude dejar de pensar en él. ¿Se habría imaginado que pasaría todo esto? ¿Qué habrá sentido en su último recital, minutos antes de desvanecerse? ¿Estará esperando que lo despierten cuando pase el temblor? Y, aún más importante, ¿lo podré ver tocar en vivo alguna vez? Traté de imaginar cómo se vería inmóvil, con los ojos cerrados y tratando de respirar por sus propios medios. Su naturaleza muerta* en un cuarto de rombos. Su corazón delator, como un fantasma, colgando en la cuerda planetaria. Él sólo, luchando contra la maldita bomba de tiempo. Como si estuviese flotando en un lago en el cielo, dando una vuelta por el universo, a merced de un milagro. Rezando por cosas imposibles, rodeado de ecos, envuelto en el mareo. Ahora es nunca. Sintiéndolo decir: me quedo aquí.

*las palabras escritas en negrita son temas del cantante

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Jóvenes que renuncian a sus vacaciones para ayudar al prójimo

Jóvenes que renuncian a sus vacaciones para ayudar al prójimo

Cada año crece la cantidad de jóvenes que dedican una o dos semanas de sus vacaciones para ayudar a los más necesitados. La juventud argentina que busca el cambio.

Josefina tiene 21 años y es estudiante de Ingeniería en Alimentos. Félix tiene 22 y estudia Administración de empresas. Como miles de jóvenes, cada verano ellos eligen renunciar a sus vacaciones con sus amigos o familias para irse a misionar.

Aunque no hay cifras exactas de la cantidad de jóvenes que se movilizan a provincias del interior para transmitir el Evangelio, se estima que son alrededor de 8.000. Sus edades van desde los 18 hasta los 30 años. No solo son grupos que se forman en parroquias o colegios, sino que ésta modalidad también se lleva a cabo en universidades católicas.

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Los jovenes animando a la gente del pueblo. Fuente: Josefina Kyburg

La Pastoral de la Universidad Católica Argentina (UCA) organiza misiones dos veces al año. “El objetivo es llevar la palabra de Dios a pueblos humildes del interior, que los chicos sean evangelios vivos”, explicó Fabián Gallego, capellán de la Pastoral de la UCA. “Es muy lindo ver como los adolescentes dejan de lado su tiempo de ocio y placer que son las vacaciones por darle una mano a los que más lo necesitan”

Entre los destinos más recorridos, se encuentran pueblos del interior del país como Guachipas en Salta, Los Menucos y Siera Colorada en Río Negro, Tres Aldeas en Entre Ríos y Tricau Malal en Neuquén.

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Félix con los más chicos. Fuente: Josefina Kyburg

Un día de misión comienza alrededor de las 8 de la mañana con un rezo general. Después del desayuno, los jóvenes salen a visitar las casas del pueblo. Al mediodía se turnan para cocinar y luego se reza un rosario en conjunto. Se organizan las actividades de la tarde y todos se dividen en pequeños grupos: algunos van con os más chicos y otros con los adolescentes. “Con ellos la idea es charlar. Muchas veces solo quieren que alguien los escuche”, contó Josefina.

Si bien el objetivo primordial es el de evangelizar, lo que más destacan los misioneros es el encuentro que se lleva a cabo con la gente que los recibe. Entre las palabras que utiliza Félix, coordinador de la misión de la UCA, para describir esa sensación, se encuentran “hospitalidad”, “amor” y “compartir”.

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Los chicos del pueblo Los Menucos. Fuente: Josefina Kyburg

“A fin de este mes arrancamos con las reuniones de todo el grupo una vez por semana” contó Félix. Durante el año, él se reúne con un grupo más reducido formado por los demás coordinadores que se juntan para prepararse espiritualmente. Luego se une el resto de los integrantes y se organizan los detalles finales “El grupo que se arma es muy bueno, así que también nos divertimos mucho y nos hacemos muy amigos entre nosotros”, confesó Agustín, otro integrante.

Pancho Peña es sacerdote de la diócesis de San Isidro y también coordina la misión de la Iglesia Fátima de Martínez. Contó que para recaudar fondos hacen rifas y piden donaciones a empresas, aunque el recurso más antiguo es la venta de empanadas y tortas cuando termina la misa del domingo. “A la gente le gusta colaborar con la compra de empanadas porque sabe que están hechas por los chicos y sus madres con un objetivo muy claro: poder irse a misionar”

Para la misión que se realiza en enero, los jóvenes llevan, principalmente, juguetes y golosinas para los más chicos. Es que la fecha coincide con el día de los Reyes Magos. “Tratamos de no llevar tantas donaciones “, explica Josefina, “porque sino los chicos nos recuerdan como los que les traen cosas y esa no es la idea de nuestra misión”

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El grupo completo al finalizar un día de misión. Fuente: Josefina Kyburg

Cada año aumenta el número de jóvenes dispuestos a sacrificar una o dos semanas de sus vacaciones para llevar un mensaje de esperanza a los que menos tienen. Pese a la crisis, ellos ven esto como una oportunidad para comprometerse y ayudar. “Mucha gente cree que estoy loca por dejar de irme de vacaciones con mis amigas”, contó Josefina, “pero yo decidí hacerlo por las ganas de ayudar al otro, al que necesita una compañía”.

Todos coinciden en que es una experiencia difícil de olvidar. “Aunque vuelvas cansado, de mal humor o sucio, volvés de haber vivido un momento único con cada persona del lugar que te demuestra que realmente vale la pena hacerlo”, confesó la joven de 21 años y agregó: “Ellos viven la vida a pesar de las dificultades, y nosotros nos quejamos si nos falta un jean o una remera. ¿Qué ironía, no?”

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Un continuador de la tradición familiar

PUESTO DE COMIDA CALLEJERA

Un continuador de la tradición familiar

Leandro Domínguez trabaja de lunes a lunes en el puesto de comida que lleva el nombre de su abuela. A 2 meses del pico de la gripe A, cómo es la vida de un hombre que trabaja en uno de los lugares más controvertidos respecto a la higiene.

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Leandro Domínguez controlando la parrilla. Fuente: Victoria Klepetar

Los 30 grados de sensación térmica del sábado parecen darle lo mismo a Leandro. Vestido con un delantal negro y rodeado de las paredes de metal, se seca el sudor de la frente y sonríe mientras da vuelta los patys.

Con sus 40 años cumplidos en julio, el hombre que vive en Chacabuco cuenta que en su infancia pasó por varios colegios porque “tenía muy mala conducta, no sabían que hacer conmigo”. Cuando finalmente se recibió, Sergio, su padre, tuvo una enfermedad pulmonar que lo tuvo por varios meses en cama. Leandro tuvo que ocupar el rol de padre y salir a trabajar para mantener a su madre Marta y a sus 4 hermanos.

Hace 6 años que está casado con Natalia, una empleada pública. Orgulloso, dice que sin ella su vida no sería la misma. Pero sin dudas su mayor satisfacción es su nena de 2 años, Jimena. Confiesa que a veces llega tarde a trabajar porque se queda jugando con su “reina”.

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Patys y chorizos en la parrilla de "La abuela Lidia". Fuente: Victoria Klepetar

Durante un período de tiempo, Leandro trabajó en una panadería en su barrio. Reconoce que “fueron años muy lindos” y que allí conoció a varios de sus actuales amigos. De repente señala en su mano una cicatriz y explica que, debido a la torpeza que lo caracteriza, se quemó con el horno uno de los primeros días de empezar a trabajar allí.

Hace más de 10 años que se lo ve todos los días debajo del cartel de “La Abuela Lidia” en la Avenida Costanera, enfrente a Aeroparque. El puesto pertenece a su abuela, que todavía sigue yendo varias veces a la semana a controlar que todo esté en orden. Sigue una tradición familiar: la mayoría de los hombres de la familia trabajaron allí en algún momento. Además, compite con alrededor de 15 otros puestos, por eso cuenta que es muy importante el trato con los clientes porque “hay que lograr que vuelvan”.

Detrás del humo, atiende a uno de ellos y ambos bromean. “Vengo dos o tres veces por semana al mediodía”, comenta Pedro, un cliente fiel. “Hace 2 años que es mi parada obligatoria en el almuerzo”. Los precios van desde los 5 pesos el paty hasta los 8 la bondiola. Leandro gana entre 90 y 130 pesos diarios.

Se mueve de lado a lado del carrito, siempre con un ojo atento a la parrilla. “Es muy inquieto”, apunta Javier, uno de sus empleados. Habla mientras acomoda los pomos de los condimentos con una mano, y con la otra pasa un trapo por el mostrador. A casi dos meses del pico de la Gripe A, Leandro explica que “tuvimos que tomar otras medidas. Pusimos alcohol en gel en el mostrador y utilizamos todos materiales descartables”.

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Leandro, en su jornada laboral. Fuente: Victoria Klepetar

Cuenta que por la madrugada, es cada vez más común que los jóvenes se acerquen a comer a la salida de los boliches. Lo que más piden es el choripán y la bondiola. “Llegan todos dados vuelta”, dice riendo. Pero al instante se pone serio y opina sobre la juventud, el alcohol y los pocos controles que, según él, hay.

Entre sus sueños, Leandro confiesa su pasión por los fierros: “Me hubiese gustado estudiar algo que tuviera que ver con la mecánica”. Sin embargo, no descarta la posibilidad de algún día abrir su propio taller en Chacabuco y arreglar los autos de sus vecinos. Dice que no piensa trabajar en el puesto de comidas por el resto de sus días, y anhela progresar para poder darle una mejor vida a su hija.

La temperatura había descendido y el delantal de Leandro no estaba tan limpio como al comienzo. El sudor de su frente había desaparecido pero la sonrisa seguía intacta. Una jornada más terminaba en la vida de Leandro Domínguez.

Cómo lo vi

Era la primera vez que me acercaba a uno de los puestos de comida de la Costanera. Sentía curiosidad y un poco de miedo con lo que pudiera llegar a encontrar. Llegué al primer puesto y me dijeron que no podía entrevistar a nadie y en el segundo que “estamos a mil, disculpá”. Por fin en el tercero, Leandro me recibió con una sonrisa. Al principio se reía con timidez, pero luego se abrió y dialogamos por varios minutos. Muy respetuoso, me pidió disculpas cada vez que debíamos interrumpir por la llegada de un cliente, y no se mostró intimidado por las preguntas más personales.
Pude percibir que detrás de este hombre fuerte hay uno más sensible, que se llena los ojos d lágrimas al hablar de su hija y que, a pesar de todo, lucha por una vida mejor.

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La risa se puso de pie

MONÓLOGOS DE HUMOR

La risa se puso de pie

El jueves se realizó una función única de stand up, que reunió a 25 comediantes en el escenario de The Cavern. La nueva forma de humor que ahora explota en el centro de Buenos Aires.

La consigna fue sencilla: hacer reír al público en tres minutos. De eso se trató Que pase el que sigue, una nueva propuesta que se llevó a cabo el jueves por la noche en el complejo Paseo la Plaza, ubicado en Av. Corrientes 1660.

Media hora antes de la hora programada del espectáculo, los espectadores se ubicaron en fila para entrar a The Cavern Club, uno de los tres bares-teatros del lugar que ofrecen ciclos de stand up. Con entrada en mano, los jóvenes de entre 20 y 30 años esperaron en uno de los pasillos del complejo bajo el frío. Las parejas abrazadas y los grupos de amigos que hablaban casi a los gritos, todos fueron con el mismo propósito: reírse.

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Los grupos de amigos esperan a que empiece el espectáculo. Fuente: Victoria Klepetar

A las 22 las puertas se abrieron y todos se ubicaron en las mesas distribuidas en dos pisos. En el bar ambientado con temática de Los Beatles, el rock se mezcló con las voces de la gente que esperó ansiosa el comienzo del show. Los mozos no tardaron en aparecer y, como si fuese una coreografía, cada uno se acercó a una mesa para tomar el pedido antes de que se apagaran las luces. Las cervezas y las picadas decoraron la mayoría de las mesas del público hambriento de stand up.

El escenario tenía un micrófono de pie y un haz de luz blanca en el centro. Lo que lo distinguió de otros espectáculos de este género fue una pantalla en la que se reflejó un reloj de cronómetro, con un botón de inicio y otro de detener.

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Gabriel Grosvald, productor del espectáculo y presentador. Fuente: Victoria Klepetar

La oscuridad cubrió la sala a las 22.35 y Gabriel Grosvald, productor de espectáculos de stand up, apareció en el escenario. “Si les gusta aplaudan mucho y sino también”, bromeó, ésta vez, bajo el rol de presentador. El orden de los humoristas se sorteó, y Dalia Gutman fue la primera en enfrentarse al cronómetro. Cada cómico tenía tres minutos para hacer su monólogo e intentar ganar las risas y aplausos entre los concurrentes. Al finalizar sonaba una chicharra y salía a escena el próximo.

Todos hicieron uso de sus propias vivencias para generar material humorístico y lograr la identificación con el público. Además, se agregó el factor del tiempo para interactuar con los espectadores. ”Cuando falten diez segundos griten así hago el remate”, se burló uno de los 25 que se sucedieron.

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Malena Pichot en su monólogo. Fuente: Victoria Klepetar

El clima fue pura diversión y a la vez adrenalina, ya que uno tras otro se presentaron en escena los comediantes, sin respiro. Una de las más aplaudidas fue Malena Pichot. Esta joven de 27 años que vive en Caballito se dio a conocer a través de videos de You Tube en los que filmó parte de su vida, llena de momentos de locura. “No estoy enojada. Te hablo así porque soy intensa” dice una frase en el blog que creó gracias a su popularidad. “Soy fanática del stand up desde chica. Cuando empecé solo quise escribir un monólogo sobre las cosas que necesitaba decir, sacarme de encima”, explicó Malena.

En Buenos Aires, el género del stand up creció durante la crisis socioeconómica del 2001, que estimuló el nacimiento de una escena teatral más minimalista. La combinación de los bajos costos que requiere producirlos y la demanda de un espectador que busca diversión garantizada a precios accesibles hicieron que estos shows invadan la calle Corrientes y las salas de risas.

Todavía no es un formato masivo, pero cada día tiene más fanáticos y seguidores. Algunos toman clases, que tienen precios que van de los 40 a los 150 pesos y se dan en cada vez más lugares. El primero fue en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la mano de Martín Rocco.

Los jóvenes tienen una necesidad urgente de reírse. Ven este fenómeno como un ámbito terapéutico. Se ríen de la cotidianeidad y ven espectáculos humorísticos para relajarse. “Ellos se sienten identificados, es una salida barata y se ríen mucho” explicó Grosvald.

Pareciera que en tiempos de crisis, una buena risa es el remedio contra todo.

Otros links:
http://www.agendastandup.com.ar/

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Oasis: puro rock psicodélico y baladas

OASIS TOCÓ POR CUARTA VEZ EN LA ARGENTINA

Oasis: puro rock psicodélico y baladas

El estadio River Plate ubicado en Núñez vivió una noche llena de clásicos el domingo 3 de mayo.  En su cuarta visita a la Argentina, la banda británica Oasis, liderada por los hermanos Gallagher, presentó su último disco “Dig out your soul” y tocó viejos temas ante un público estimado en 45.000 personas.

 

La banda en el escenario de River

La banda en el escenario de River

 Si los rumores de que éste fue el último recital son ciertos, no quedaron dudas de que Oasis se despidió con uno de los mejores shows que la banda dio en la Argentina hasta el momento. Es que la manera en que hicieron vibrar a los 45.000 fanáticos que asistieron para escuchar el sonido inconfundible de los hermanos Gallagher, confirmó que es una de las principales bandas que han perdurado hasta el presente.

Las puertas del estadio de Núñez se abrieron a las 16 y los primeros entusiastas entraron en busca de los mejores lugares delante del escenario. “A la derecha que de ese lado toca Noel!” se escuchó decir a lo lejos a un joven vestido para la ocasión.

Todavía faltaban las presentaciones de los teloneros, esta vez a cargo de Estelares, Mole y Los Tipitos. Pero nada parecía importarles a los miles de espectadores que, en orden, llegaron y atravesaron los controles de seguridad por la calle Udaondo.

Liam Gallagher y su arrogancia característica

Liam Gallagher y su arrogancia característica. Fuente: http://www.taringa.net

A solo tres minutos de las 21, con la puntualidad inglesa característica, la multitud se abalanzó con desesperación. Nadie quería perderse este momento. De a poco el campo, cubierto con una lona, se llenó de exaltados concurrentes que unidos coreaban “Oasis, Oasis”. Todo indicaba que el show había comenzado. Después de los acordes de “Fuckin in the bushes”, se vislumbró la figura inigualable del vocalista Liam Gallagher, el más pequeño de los hermanos, seguido por Noel.

Con un saco que lo cubría hasta las rodillas, Liam se ubicó delante del micrófono con su pose que ya es marca registrada. “Rock n roll star”, del disco Definitely Maybe, dio lugar al primer pogo (saltos por parte del público) de la noche, y la guitarra de Noel hizo delirar a toda la masa que cantó la letra “tonight, I´m a rock n roll star!”. Sin respiro, siguieron con “Lyla”, uno de su hits más populares.

“Buenas noches, muchas gracias” fueron las primeras palabras de Noel, más conocido como “The Chief” (el jefe), con un castellano claro en contraste con el inglés casi inentendible de Liam. La rivalidad que se conoce entre ellos (aunque se ocupen de negarla) se vio reflejada en la indiferencia que se mostraron, turnándose para cantar las canciones, sin siquiera mirarse. 

De los veinte temas que tocaron durante una hora 45, seis pertenecieron a su última placa. Liam cantó la balada “I´m Outta time”, el nuevo corte de difusión que él mismo escribió. Con las manos en los bolsillos y su famosa arrogancia, hizo enloquecer a los presentes con la frase “Ésta es para todas las mujeres que se encuentran adelante”.

El cartel de una fan, dedicado a Noel

El cartel de una fan, dedicado a Noel. Fuente: http://www.taringa.net

Cerca del escenario, una fan sostuvo un cartel que leía “God” (Dios) en referencia a Noel. Con cierta nostalgia y una sonrisa que le costó esconder, el guitarrista y compositor recordó que hacía veinte años había estado por primera vez en la Argentina como plomo de la banda Inspiral Carpets. Incluso bromeó cuando los espectadores cantaron “Olé, olé, olé, Noel, Noel”. “No tenemos tiempo para esto”dijo. Y los aplausos no tardaron en llegar.

El sonido de las guitarras distorsionadas y los riffs psicodélicos fueron el sello de la noche, con Gem Archer en guitarra, Andy Bell en bajo y el reciente incorporado baterista, Chris Sharrock. Entre los temas preferidos se encontraron “Morning Glory”, “Wonderwall” y “Don´t look back in anger”, todas coreadas masivamente y con celulares alzados para guardar ese momento por siempre.

La luna iluminó el estadio mientras que la banda de Manchester anunció que vendría la última canción. Luego llegó el turno de los vises, y por último el cover de la banda que les sirvió como una gran influencia: “I am the walrus” de The Beatles. “Fue una gran noche gracias a ustedes” se despidió Noel, al mismo tiempo en que su hermano se retiró del escenario sin ningún comentario.

“Treinta pesos las remeras con la fecha atrás!” gritaron los vendedores a la salida. Ubicados en las veredas desplegaron toda su mercancía y esperaron para atraer a posibles clientes. “En un rato bajamos los precios porque tenemos que sacárnoslas de encima” confesó Raúl, un vendedor instalado en la calle Libertador.

La multitud salió del recinto con miradas cómplices, satisfechos con el espectáculo que había cumplido todas las expectativas. “Faltó que toquen Live forever, un clásico” sentenció Martín, un fanático de 22 años que vio a la banda por tercera vez en el país. “Igual no me quejo” agregó riéndose. Habrá que esperar hasta la próxima.

Otros links:

Imágenes en vivo del recital
http://www.youtube.com/watch?v=H3XK6vyx1Bc

Nota del diario La Nación
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1124336&high=oasis

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Arte en juegos

 

Los visitantes experimentan los juegos. A la izquierda, el juego "Flowers" de Playstation 3

Los visitantes experimentan los juegos. A la izquierda, el juego "Flowers" de Playstation 3. Fuente: Victoria Klepetar

EXPOSICIÓN DE VIDEOJUEGOS EN PALERMO

Arte en juegos

La muestra Game on! El arte en juego, realizada del 18 de marzo al 4 de abril, incluyó charlas, exposiciones de videojuegos y un museo de antigüedades. Su propuesta fue plantear el interrogante acerca de si los videojuegos contienen arte.

 La tarde del sábado 4 de abril indicó que sería un día cálido, y el reloj señaló las 14. La puerta de madera del Espacio de arte ubicado en el centro de Palermo Soho se abrió. Susana DeGiácomo, encargada de la dirección artística de Objeto-a se presentó y comenzó el recorrido por el moderno espacio de Niceto Vega y Thames en busca de la respuesta al interrogante: ¿los videojuegos son arte?

En la planta baja se respiraba un clima relajado. El público selecto entró en una sala ocupando las 20 sillas negras en silencio. Así, Tomás Oulton, coordinador general y marido de Susana, introdujo al orador de la primer charla de la tarde.

“Las ideas básicas de un juego siguen siendo las mismas. Luego se embellecen”, explicó el Gerente de ventas de Microsoft Entretenimiento, Francisco Ortiz, en su charla “Expandiendo las fronteras: videojuegos y el mundo online”. La mayoría del público estaba compuesto por hombres. Luego continuó repasando la historia de los juegos y se concentró en el XBOX Live, el nuevo “chiche” de Microsoft.

Cuando finalizó, Tomás Oulton guió la visita y explicó cada detalle. “Aquí podemos ver juegos en exposición y datos adicionales que los acompañan en las paredes. De noche todo se ilumina” comentó. En esta planta había videojuegos desarrollados por empresas nacionales, entre ellas, Three Melons, Axeso 5 y Global Fun.

Las voces que se escuchaban eran graves. Los hombres preguntaban, miraban con atención y se animaban a probar cada juego. “Es la primera vez que se hace una muestra de este tipo en Argentina. Asistieron 1.500 personas” comentó el coordinador general. Alrededor de 30 empresas participaron de Game on!. Otras, como Dell y Autodesk, aportaron el software y los equipos.

Arriba sonaba la canción “I am missing you” de Rod Stewart, que pertenecía a un videojuego. En esta planta todo se trataba acerca de la experimentación. Las empresas eran internacionales y sus juegos tenían un contenido artístico y conceptual. No importaba la competencia, sino despertar emociones en las personas.

Agustín Pérez Fernández fue el creador de Avantgarde, un juego basado en cuadros de Mondrian en el que predominaba la estética artística. “Estoy interesado por los videojuegos como una forma de arte. Creo que son un medio de narración muy importante” declaró Agustín.

Todo parecía asombrar a los visitantes. Con cada explicación, los ojos se agrandaban y las miradas se hacían cómplices. El juego “The passsage” representaba la vida misma. Dos personas caminaban juntas superando obstáculos, envejecían y, finalmente, morían. “Me dio la sensación de depresión” sentenció un joven después de jugar.

El juego “Flowers” de Playstation 3 estaba ubicado en una esquina y tenía un cartel que hacía imposible que pasara por desapercibido. Era el juego más vendido en Europa de la empresa That Game Company y dejaba a uno con una sonrisa prolongada. Aquí, uno debía manejar  la dirección del viento y su velocidad en un prado, y el objetivo era hacer volar pétalos acariciando los verdes campos.

Por último, Sarabasa fue la encargada de realizar una performance. El Director de Arte e Ilustrador de Videojuegos, Ignacio Basan, hizo una muestra rodeado de gente de cómo se dibujaba para un videojuego. Enseñó las técnicas para crear personajes de forma rápida y que fueran creíbles.

La exposición mostró que es posible que exista arte en los videojuegos. No siempre importa si uno gana o pierde, sino que pueden servir para generar distintas emociones en sus jugadores. Y, sin duda, el objetivo fue cumplido.

Página oficial de Objeto a

http://www.objeto-a.com.ar/

Trailer del juego “Flowers” de Playstation 3

http://www.youtube.com/watch?v=AcU8Yw43BuU

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